Margaret Bourke-White

Fotógrafa estadounidense, nacida en Nueva York en 1904 y fallecida en Stanford (Connecticut) en 1971.

Se puede afirmar que la obra de Margaret Bourke-White se convirtió en el paradigma del compromiso político y social del fotoperiodismo americano, y, aunque tenga un estilo muy personal, se acusó en ella influencias de Clarence H. White y de la escuela fundada por éste en 1914. Su interés por el arte fotográfico se localizó en torno a la fotografía industrial, campo en el que pronto obtuvo una envidiable reputación al publicar sus obras en revistas tan prestigiosas como Fortune que, en 1930, le encargó la realización de unas tomas en torno a equipos industriales en Rusia: fue la primera reportera extranjera autorizada en terreno soviético.

En 1936 contribuyó a la fundación de la revista Life cuya primera edición (de 23 de noviembre) tuvo una portada de Bourke-White. Life pretendió ser brillante en todos los sentidos con impresionantes imágenes, los mejores artículos y la adquisición de las mejores fotografías pero siempre trabajando con un equipo de cuatro o cinco reporteros titulares, entre ellos, la propia Margaret. La primera portada de esta publicación fue una impresionante toma sobre la construcción de un gran dique cerca de Fort Peck (Indiana) que, en aquel momento, era la central de energía eléctrica más grande del mundo. El estilo fue el mismo en que ella se había destacado con sus fotos para Fortune. Mostró la vida de los operarios que vivían con sus familias en ciudades temporarias del desierto. De este modo creó un documento humano sobre la vida en la frontera que supuso una total revolución.

En 1937 produjo con el escritor Erskine Caldwell un examen fotográfico del sur de Estados Unidos en el libro You have seen their faces (Habéis visto sus caras), y once páginas de Life se llenaron de la fuerza documental de unas fotografías tomadas en Indiana. Este ensayo fue presentado como un importante documento del país: mostró el aspecto de la ciudad, hogares ricos y pobres, el asfalto y los edificios...; trató, en sus propias palabras de “...ver el mundo, la vida, presenciar los grandes acontecimientos, mirar los rostros de los pobres y los gestos de los orgullosos..., ver y tener el placer de ver; ver y ser sorprendido; ver y ser instruidos”.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Life organizó una escuela para fotógrafos del ejército y envió a sus propios trabajadores al frente. Dado que Bourke-White era fotógrafa titular, marchó como reportera de guerra a Italia y la Unión Soviética. Después de la derrota de Alemania, sus impresionantes fotografías de la liberación de los campos de concentración tuvieron una repercusión mundial. En 1946 se trasladó a la India para fotografiar las luchas de liberación de los hindúes y en 1949 recorrió el sur de África, en ambos casos, enviada por Life.

Sus tomas tenían una fuerza inquietante, la inquietud que procede de la unión entre el más crudo realismo y la sensibilidad más extrema. Fue, además, uno de los primeros fotógrafos en utilizar la técnica del “sincroflash múltiple”, avance técnico posterior al del flash que hizo posible encender diversas lámparas de flash situadas en puntos distantes de la cámara conectadas a ella mediante cables. Con esta técnica podía disponerse la luz, tanto para obtener ciertos efectos como para reforzar las fuentes de iluminación ya existentes: “...he quedado profundamente impresionada con las posibilidades que brindan las lámparas de flash distribuidas en una habitación, en lugar de utilizar una sola junto a la cámara (...) El flash aporta una calidad suave y excelente de luz. Su belleza es, desde luego, que se puede vigilar a las personas en cuestión hasta que muestran las expresiones o los movimientos deseados. Lo creo también muy útil en sitios habitualmente oscuros, como los clubs nocturnos y restaurantes”. Gracias a la técnica del flash, Margaret pudo atrapar una de las imágenes más impresionantes de la historia del fotoperiodismo, la de dos mineros que, a más de 1.500 metros de profundidad extraían oro en las cercanías de Johannesburgo. Se trata de una toma donde la luz permite al espectador percibir de manera impecable el juego de las texturas de los cuerpos provocado por el reflejo poderoso sobre la piel y el sudor de la luz dura y puntual del flash.

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